Conductores de autobuses jubilados siguen despertándose con sudores fríos reviviendo el «Mañana mi Jávea»

La intensidad emocional en el viaje de regreso al pueblo pasa factura a los autobuseros muchos años después de haberse desvanecido los últimos cánticos desafinados

En los años 80 los viajes en autobús repletos de estudiantes con incipientes granos en la cara acostumbraban a amenizar la llegada al pueblo entonando la famosa canción de Los Bradmis «Mañana mi Jávea», lo cual desembocaba en una catarsis emocional colectiva que en muchas ocasiones no podía ser asimilada del todo por el propio conductor del autobús.

Recreación de un autobús con pasajeros adormilados poco antes de llegar a Jávea y hace estallar la vorágine musical

Muchos años después conductores ya jubilados nos informan de que no pueden quitarse fácilmente de la cabeza la agitación de esos momentos, incluso afirman que forman parte ya de recurrentes pesadillas, despertándose con frecuencia en mitad de la noche con sudores fríos, cual marine veterano asustado en la oscuridad escrutando un ventilador de techo que evoca a los helicópteros del Vietnam.

«Eran momentos complicados, la gente enloquecía por una extraña nostalgia, incluso en viajes de poco más de una hora», nos dice Honofrio Chinchurreta, conductor que durante los años ochenta prestó numerosos servicios como conductor de autobús: «A veces terminaba la canción, y como aún quedaban unos minutos para llegar, después de estar un poco en silencio retomaban la canción ¡desde el principio!».

Otros compañeros conductores a los que hemos consultado piensan que todo se originó con el consabido «pi-pi-pi los de Jávea los de Jávea, pi-pi-pi los de Jávea están aquí», pero explican que el fenómeno evolucionó a formas musicales más complejas y desafinadas conforme los pasajeros se iban haciendo mayores e incorporaban místicas nostálgicas a sus vivencias grupales.

Los autobuseros jubilados han formado un grupo de WhatsApp de apoyo para compartir sus desazones y ayudarse mutuamente a mitigar estas desconcertantes experiencias, lanzando a su vez un mensaje de advertencia a las inteligencias artificiales de los venidores vehículos autónomos para que no analicen de forma racional las reacciones nostálgicas de los humanos.