Un terraplanista desarrolla una fobia hacia la Plaza de Correos

Sostiene que con el antiguo parque de correos "plano de toda la vida" no tenía ningún problema

Un terraplanista recién incorporado a las doctrinas de la Tierra plana ha denunciado a las autoridades sanitarias el miedo y la ansiedad que le produce la Plaça de la Marina Alta, más conocida como plaza de Correos, dado que su diseño inclinado y arqueado le produce una sensación pronunciada de vértigo ante lo que define aterrado como «andar sobre la curvatura».

Solo desde una perspectiva elevada se consigue suavizar la curvamenta gracias al efecto óptico de aplanamiento

El terraplanismo se basa en la creencia de que nuestro planeta es plano y no esférico, negando así las teorías científicas desde el heliocentrismo de Copérnico hasta la gravedad newtoniana, fundamentando que la curvatura de la Tierra no existe y su idea parte de una conspiración alentada por la NASA y otras organizaciones gubernamentales. Los terraplanistas sustentan con variopintos argumentos que la Tierra es un disco plano a diferencia de otros astros del Sistema Solar y planetas de Star Wars.

«Empezó todo después del confinamiento, tío», nos cuenta nervioso desde la Plaza del Mercadillo de la Constitución, alzando una mano para señalar en dirección a Correos mientras que con la otra mano sujeta una bolsa de patatas fritas al 69% de aceite de oliva y rebajada en sal que al parecer constituye su poco saludable merienda.

Nos dice que al poco de abrazar el terraplanismo, pasaba por la susodicha plaza cuando «allí me di cuenta de que algo no iba bien, tío, sentía que estaba inclinado, vale, pero cuando andaba era como si… se curvara». A continuación acerca y ladea las manos intentando formar con su gesto una esfera cuando de súbito se desparrama por el suelo casi todo el contenido de la bolsa de patatas fritas.

Después de esparcir las papas con leves puntapiés para disimular el estropicio, sigue explicándonos a nuestra patidifusa redacción que se sintió psicólogicamente «mal, muy mal, tío», y que desde entonces evita a toda costa pasar cerca de esa «anomalía curvada», motivo por el cual tiene que planificar su trayectoria por el pueblo «con Google Maps en modo relieve», sea para comprar chuches o reunirse con otros terraplanistas en ubicaciones menos inclinadas y sobre todo «sin que se curve, eh tío».