Una densa niebla cubre el valle de Jávea reportándose numerosos avistamientos de espantosos tentáculos

La llegada de un posible fin del mundo obligaría a encomendar nuestras almas pecadoras en previsión de un supuesto paraíso en la vida eterna

Las nieblas y nubes bajas que han cubierto la población de Jávea durante los amaneceres de los últimos días podrían estar materializando aterradores monstruos de cristalizar los miedos y angustia de sus habitantes en respuesta a estados de ánimo lovecraftianos de andar por casa.

El mirador del cabo de San Antonio sería un punto estratégico en el proceso de reconversión a un turismo catastrofista de calidad capaz de valorar esa extraña niebla que oculta algo tuyo en su interior

Expertos en realidades ocultas y enigmas de otras dimensiones nos cuentan sobrecogidos que este espectáculo de mar de nubes no siempre responde a un fenómeno natural, por lo que cada uno de nosotros debe «echar cuentas» de sus malas acciones con tal de valorar el grado de maldad reprimida que habita en nuestro subconsciente antes de que se encarnen por completo nuestros más oscuros deseos en forma de tangibles amenazas.

No obstante, otras opiniones próximas a las doctrinas cristianas se inclinan -ya que solo el penitente se arrodilla- a que los posibles peligros que envuelve la niebla no serían más que advertencias de un todopoderoso que, cansado de continuas gracietas y chanzas, demuestre su omnipotencia de una vez por todas y propicie un apocalipsis que desencadene el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos, y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Sin entrar a sopesar la validez de estas valoraciones extremas, nuestra aterrada redacción no ha podido comprobar la existencia de engendros de caos y destrucción en el interior de esa niebla que parece susurrar tu nombre, así como tampoco encontrar indicios o presagios de que un fin del mundo esté lo que se dice a la vuelta de la esquina, por lo que dejamos a criterio de la ciudadanía que saque sus propias conclusiones respecto a si el sueño de la razón produce monstruos o simplemente agrures.