Una familia denuncia la nula visibilidad de las anclas del Portitxol

Declaran apesadumbrados que estuvieron buena parte de la mañana en la playa de La Barraca "de tuper y con lo niño", pero que no lograron ver "ná de ná"

Una estrafalaria decepción se cierne sobre el patrimonio arqueológico xabiero según se desprende de las exaltadas declaraciones de una familia que fue incapaz de encontrar ni la más pequeña anclita en una improvisada expedición de búsqueda matutina en la Cala del Portitxol.

Los hallazgos desvelan que el principal entretenimiento de los fenicios era tirar anclas por la borda para regocijo de los arqueólogos del futuro

Entusiasmados por los comentarios de una vecina que les cuenta «cosas del Internet» y en concreto sobre el reportaje que dedicó la revista National Geographic a los restos de anclas de diferentes épocas descubiertas en las inmediaciones de la Isla del Portitxol, la susodicha familia decidió por su cuenta y riesgo que merecía la pena echarle un ojo a los «yacimientos esos».

«Tuvimos ahí.. sí, sí», nos dice Ramona Amber Cocada, matriarca de la familia y muy conocida en su barrio por los gritos desgarradores que exhala al opinar sobre algún programa de Telecirco. Se sincera con la mirada inquieta y algo bizca al recordar que «de anclas, no, escúcheme, ni una ni media ni ná, y lo rebuscamos bien que requetebien eh… ahí escarbando la arenilla esa y las roquetas y tó de tó».

El testimonio del marido de Ramona, Quevin Corner de la Cruz, incide en la inexistente señalización de los hallazgos arqueológicos: «total ahí que llegamos al barraco y lo primero vimo la puerta azulita mu bonica pa echarse fotos, que sí que sí, pero ni una flechita ni un cartelito que digan pa donde tirá, y digo yo que las anclas esas me dan coraje, mire usté».

Ambos coinciden en que fueron unos intensos minutos de búsqueda antes de volver exhaustos al pequeño campamento base que habían montado bajo una sombrilla deshilachada con una bolsa hasta los topes de tuppers y una neverita portátil, preguntándose pensativos mientras daban buena cuenta de la tortilla de patatas y estrujaban latas de cerveza vacías, que a qué venía tanto revuelo por unas anclas que aparentemente no pueden verse más que «en el dichoso Internet ese».